lunes, 17 de junio de 2019

La puerta



La puerta...







Y allí en su refugio silencioso se encontraba Don Sixto Villegas, ese hombre al que siempre admire por su coraje y atrevimiento hacia lo extraño de la vida, hoy convertido en un anciano temeroso y perdido en un mundo de sombras, de aquel del que no pudo salir jamás. Desde aquella tarde hace veinte años atrás cuando por caprichos del destino el Parque General San Martín, pasó de ser un lugar de buenos momentos al recuerdo más aterrador y macabro de su vida, aquel que lo dejo sumido en esta pesadilla de la que nunca regresó.










Ese día fue como siempre a pasar un momento con amigos, incluido mi viejo que después seria mi testigo fiel de los acontecimientos de ese día. Todo transcurría normal hasta que entre los arboles apareció esa puerta... Puerta maldita que nadie había visto jamás, la curiosidad los volvió locos todos querían saber que era lo que guardaba en su interior, aquella puerta bella con dibujos antiguos que ninguno sabia a ciencia cierta de que época podían ser, la única certeza es que eran muy añejos, quisieron entrar pero con solo tocar el picaporte un escalofrió les corría por el cuerpo, ese instinto del ser humano que nos ayuda a preservarnos. Algo malo había allí todos desistieron como si una voz interna les dijera que no entraran, pero como era de esperarse Don Sixto no pudo con su genio, de nada valieron las advertencias de todos.










El con su curiosidad a flor de piel y su miedo a nada giro el picaporte y entro, no sin antes mirar hacia atrás y mirar a todos con una sonrisa picara y desafiante, se perdió en la oscuridad de ese cuarto, todo fue silencio, los invadió un temor que nadie podía comprender a que se debía, y de pronto el grito más aterrador y espeluznante que nadie había oído jamás salio de ese lugar, la desesperación los invadió pero nadie logro entrar, y allí casi muerto apareció Don Sixto, en silencio, helado como si ya no fuera de este mundo, con su cuerpo impregnado en olor a azufre, no tenia daños físicos pero podía verselo como si ya no tuviera alma. Lo llevaron a todos lados pero fue en vano, jamás se supo que pasó, que vio, que fue lo que se llevo su alma. Desde ese día se volvió un anciano mudo y ausente, jamás me atreví a preguntarle, por que algo dentro mio me dice, que seria inútil por que Don Sixto hace ya más de veinte años que no está con nosotros.

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